Los antiguos lavaderos medievales pueden verse todavía en muchos pueblos de España. Proporcionaban un acceso al agua corriente para los habitantes, así como un lugar para lavar la ropa, menaje o abrevar a los animales.

 

Su construcción y materiales varían en función de las regiones. El que encontramos en Santo Domingo de Silos está hecho de piedra, cubierto con un tejado de madera con tejas y dividido en dos estanques a diferentes niveles. Se encuentra muy bien conservado y añade un toque romántico a la arquitectura del pueblo. El agua procede de una corriente natural que discurre bajo el monasterio, a través de sus cuartos y farmacia hasta el depósito situado en la plaza de su entrada para, después de pasar por el lavadero, desembocar en el río Mataviejas.

 

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